martes, 6 de julio de 2010

Ser Argentino. Ser Argerntino?


Hola, no sé cómo presentarme. Soy un argentino, pero no soy el único argentino, aunque a veces eso parece. Puedo ser de clase media, alta o baja: estoy en todas partes.

Vivo acá, pero no estoy acá. Mi cabeza siempre está en otro lado. Me quejo todo el tiempo, lo mejor de ver cómo los demás hacen, es que después puedo criticarlo. No me encargo de construir un carajo, y si puedo destruir lo que hizo otro, me voy con la conciencia tranquila. Critico a los políticos, que son todos chantas y corruptos, pero no me metería ni en pedo en política. Critico a los taxistas, que son todos unos hijos de puta, pero generalmente paro el taxi sobre la esquina o la senda peatonal (aunque no me doy cuenta). Cuando voy al súper, me quejo de los precios, y si me preguntan, aumentan por culpa de los políticos, esos chantas que vienen bárbaro porque son el comodín: cuando no sabemos de quién es la culpa, se la podemos echar a ellos. Cuando manejo, estoy en mi salsa. Es mi momento de criticar lo que hacen todos. Eso sí: a mí no se me escapa un guiño o una baliza ni en joda, y si los pongo, lo hago para que no digan que no lo hice (por eso pongo el guiño un segundo antes de doblar, aunque en verdad no le haya servido a nadie para avisarle mi maniobra).

Pienso que porque pago mis impuestos y trabajo todos los días como un salame (eso sí, me rompo el orto) tengo derecho a todo: derecho a matar al que me roba, a tratar mal al que me molesta, a quejarme si cortan la calle, si hacen un acto público cerca de casa o si el fin de semana está nublado (seguro de alguien es la culpa, pero mía nunca). La palabra derechos me la sé bien pero “deberes” u “obligaciones” no me suenan tanto: solidaridad es una palabra que hace que me den pena los desnutridos de África, pero que me olvido cuando puteo al carro que va delante de mí buscando basura para trabajar.

Creo que la cárcel y la policía son la solución a todo: eso sí, a la policía, después, me encargo de criticarla bien criticada. Si me hablan en contra de la pena de muerte, los puteo. Soy un reaccionario, sí; pero no es lo único que soy. Sigan leyendo.

Igual, no todo está mal en el mundo. Está Europa. Y Estados Unidos. El primer mundo. Digo siempre que en Alemania son puntuales, en Inglaterra son unos señores, y que Estados Unidos respeta sus instituciones. En realidad, no sé un carajo de historia mundial. Para peor, sé lo que todos dicen, que es verdad a medias y verdad convenida para Inglaterra o Estados Unidos. Sé que ser nazi es malo. Por eso explico siempre que “no odio a los negros de piel, sino a los negros de alma”. Y con eso me voy tranquilo. La verdad, mi país es una cagada. Si me preguntan, no sé qué hago acá. Será que no me puedo ir a Europa. Igual soy argentino, re argentino.

Me creo una persona libre, porque digo lo que se me canta todo el tiempo (soy un guapo), pero no me doy cuenta que lo que digo es lo que todos dicen, lo que dice la tele, la radio: nunca propongo nada nuevo.

Sé lo que piensa la gente, porque yo soy “la gente”. Y el que no piensa como yo, el que se siente distinto o se ve distinto, no. Esos no forman parte de “la gente”. Veo a “la gente” y me veo a mí. Estoy en las propagandas, en la cancha, en las series, en las cámaras ocultas, en los noticieros preocupado. Me multiplico hasta que parece, como dije, que soy el único argentino.

Puedo ser empresario, empleado, taxista, docente. Puedo ser hombre o mujer. Soy casi seguro blanco, y mi apellido sin dudas viene de Europa. Lo más probable es que sea católico, aunque puedo ser agnóstico o ateo. Hasta puedo parecer de izquierda o progresista. Igual, lo más importante es mi mal humor fácilmente transmisible. Eso me hace aparecer en todos lados.

¿Saben? Ahora que digo todo esto me doy cuenta que mi vida es una mierda. Vivo en la mierda. Soy un pobre infeliz. Vivo con cara de culo, puteando a todos porque la verdad es que no sé cómo salir de la miseria de todos los días. Aunque si me detengo a mirar un poco alrededor: ¿de qué miseria me quejo? Tengo casa, auto, familia, agua potable, trabajo, educación.

¿Saben qué? Mejor voy a apagar la tele. Voy a buscar algún amig@, conocid@, tí@, niet@, ex novi@ o taxista que tenga un poco de buen humor para compartir.

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